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miércoles, 12 de octubre de 2011
Novedades
domingo, 26 de septiembre de 2010
El Coro

A principios del siglo XXI ocurrió la tan temida invasión al planeta Tierra.
Una raza guerrera hacía tiempo que vigilaba a los humanos. A partir del estudio de diversos humanos secuestrados durante años conocía las posibilidades y debilidades de los habitantes de la Tierra.
Lo habían calculado minuciosamente. La invasión no sería fácil pero la victoria era segura. El factor sorpresa sería un importante aliado de los invasores y, por más que los humanos fueran seis mil millones, no había ser en este mundo capaz de oponerse a los que venían a dominarlo.
Confiados en sus fuerzas, los invasores enviaron la primera misión de reconocimiento y control. Su tarea era fácil: hacer una demostración de poder frente a algunos cientos de personas y dejar que el pánico recorriera el mundo. Despues de eso, atacarían masivamente a un mundo aterrorizado y desprevenido.
El lugar elegido era como cualquiera. El ser encargado de dar el primer paso de la invasión apuntó sus instrumentos a aquella reunión de algunos cientos de personas, los miró y escuchó. Se aseguraba que no hubiera nada extraño y en pocos instantes daría la orden de bajar.
En el medio del jardín, los humanos conversaban y disfrutaban de la tarde soleada. Nada sabían de lo que se escondía en el cielo y solo callaron un poco cuando alguien llamó la atención para hacer unas presentaciones.
Luego de la presentación, el coro empezó a cantar. Decenas de voces, que eran una sola. Decenas de gargantas fundidas en una canción con vida propia. Cientos de pulmones que procuraban respirar despacito, embelezados con tanta belleza. Cientos de manos que, cada tanto, explotaban de júbilo al unísono.
Desde el cielo, el encargado dudó extrañado. Los instrumentos mostraban una voz con una potencia inusitada, mostraban que el jardín latía como un sólo ser. Sin embargo, el podía ver a los humanos individuales, no demasiado distintos a los que ya concía.
En ese momento se dió cuenta. Los humanos tenían una propiedad desconocida para los invasores: podían amalgamarse en entidades superiores. El coro era la prueba. Su voz, su fuerza, su magia, era del todo superior a la suma de sus partes.
Era un error demasiado grande, una imprevisión crítica. La invasión fué rápidamente suspendida.
Cuando el coro terminó, el público agradeció emocionado. Nunca lo suficiente.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Una sonrisa de otro mundo
Fue su sonrisa lo que lo hizo cruzar la línea.
Hasta ese momento, se habian visto un montón de veces y habían hablado unas pocas. Pero sus vidas transcurrían como las hebras que forman una trenza: daban vueltas y vueltas en torno a la del otro, pero nunca coincidían.
Para ese entonces hacía como diez años que se conocían. Tenían amigos en común, vivían cerca y una extraña serie de coincidencias los había hecho encontrarse una y otra vez. Por eso pasaron de los saludos a pequeñas charlas de las que él siempre recordaba esa sonrisa. Esa sonrisa.
La excusa para acompañarla a su casa fue insignificante. Ayudarla con unos paquetes, una mascota escapada, algo que el nunca recordaría. Sin embargo lo que seguro no pudo olvidar fue lo que vio y sintió cuando la puerta se cerró detrás suyo.
Simplemente, ella no era de este mundo.
Las cosas del otro lado de esa puerta eran diferentes, aunque no tanto como para asustar. Lo que a el le pesaba era esa abrumadora sensación de novedad, esa certeza de que en esa casa (¿en ese universo?) todo era de otra clase, de otro sistema y había sido pensado para que lo usaran y disfrutaran otros seres.
Guiado por la sonrisa y su portadora, estuvo un tiempo tras esa puerta y volvió a su mundo sin poder contarle nada a nadie. Le asustaba la responsabilidad de lo que ahora sabía y sin embargo, tenía la seguridad de que nadie le iba a creer.
Solo para confirmarselo a si mismo, llamó a esa puerta tres o cuatro veces más. Siempre le abrieron, siempre le sonrieron y, en realidad, nunca pasó mal. Pero finalmente se despidió para ya no volver.
Luego de eso, no hubo más casualidades. No la vio nunca más, pero los recuerdos de lo vivido demoraron años en desvanecerse. Como en el gato de Cheshire, lo ultimo que quedó fue la sonrisa.
jueves, 19 de agosto de 2010
Sin parar
Ella simplemente no podía parar. Durante la mitad de su vida se llamaba Ana Luisa y era bastante autoexigente. Trabajaba mucho, se preocupaba por los demás y llegaba a la noche muy cansada.
Cuando finalmente se dormía la que despertaba era Luisana. Que era ella misma y que seguía trabajando y exigiéndose.
Luisana era el sueño de Ana Luisa. Ana Luisa era el sueño de Luisana. Y cada una, que eran la misma, cumplían el anhelo de la otra de nunca parar, de trabajar cuando ya no se puede, de descansar trabajando.
Como trabajaban tanto, dormían profundamente. Y por eso no tenían muchos recuerdos una de la otra. Sin embargo sus vidas eran absolutamente complementarias, porque ellas eran una. Cuando Ana Luisa dormía una siesta, Luisana tenía insomnio. Cuando el esposo de Luisana la despertó de improviso en medio de la noche, Ana Luisa se desmayó en el mismo instante.
Así vivieron muchos años cada una con sus familias y sus amigos y las dos con sus vidas complementarias. Sobrevivieron a sus seres queridos y empezaron a gozar de una ancianidad feliz. Los demás del mundo de cada una les envidiaban aquella sensación de parecer acompañadas aún estando tan solas.
Sin embargo, una noche, una mañana, ella no logró dormirse, no logró despertarse. Pasó un rato deambulando en una penumbra confusa y se dio cuenta que le costaba reconocerse. Se levantó pero no reconoció aquella casa. Encontró un espejo, acercó una luz y se miró.
Sonrió cuando supo que su nombre ya no importaba. Supo que era ella y que ahora empezaba algo mejor.
lunes, 9 de agosto de 2010
Joker

La misión de los Banndiera era hacer del suyo un mundo divertido. En realidad, más que una misión, era una obsesión.
Según los Banndiera sus dioses los observaban y, si llegaban a aburrirse, podían decidir “empezar de nuevo”.
Como cuando uno se aburre del solitario y decide barajar el mazo, como cuando arrugamos el papel con un boceto no convincente y empezamos otro en la siguiente hoja del block.
Cuando los dioses de los Banndiera se aburrían, el mundo dejaba de ser como lo conocíamos. El gran cataclismo traía el fin de estos tiempos y luego un mundo virgen surgía con promesas de mejor diversión para los dioses.
Por eso la vida de los Banndiera era un sinfín de fiestas, desafíos y nuevas actividades.
Para los visitantes, eran un pueblo envidiable. Solo los que los conocían de verdad sabían que el verdadero móvil de aquel pueblo era el miedo. Un convencimiento general de que la monotonía conllevaba la destrucción.
Movidos por el miedo los Banndiera buscaron eterna y frenéticamente la diversión y la novedad. Hasta que una vez, sin nuevas ideas, se repitieron. Aquella noche durmieron para ya no despertar.
martes, 11 de mayo de 2010
YO, EL, ELLA

Se repitió una y otra vez “YO soy el terapeuta, EL es el paciente”…pero por detrás de su paciente ella le guiñó un ojo.
Ella, que desde hacía 10 años solo existía en la imaginación enfermiza de su paciente.
Entonces simplemente dijo ”Carlos, creo que ya no podré ayudarte más”
Y empezó a planificar la noche que pasaría…con ella.
miércoles, 21 de abril de 2010
Libido

Sucedió a mediados del siglo XXI.
Cuatro o cinco ideas cristalizaron y la comunidad científica desarrolló un método para mapear todos los receptores del cerebro humano.
Luego de eso, la química orgánica hizo su tarea y las nuevas drogas fueron hechas exactamente a medida de cada uno. Podían controlar el humor, la actitud, la sensibilidad, el carácter y mucho, mucho más.
Pero lo que verdaderamente revolucionó a la humanidad fue un dispositivo terapéutico en forma de puntito diminuto y programable que suministraba esas nuevas drogas de forma fácil y eficiente.
Al principio lo llamaron “Dispositivo intracraneano de administración farmacológica directa” y fue una exclusividad de las grandes corporaciones.
Los profesionales de la medicina poseían ahora la llave para convertir a cualquiera en un ser “normal”. No más esquizofrénicos, no más depresivos, no más maniáticos compulsivos.
Al tiempo dieron un pasito más: no más ansiosos, no más hiperactivos, no más distraídos.
Por esa época comenzó un debate acerca de la “normalidad” y la libertad. Había quienes peleaban por el derecho a ser diferentes más allá de los estándares de las clínicas. Sin embargo, el nuevo dispositivo y su normalidad química avanzaba firmemente en los mercados mundiales. Hubo años en que fue el artefacto más vendido en casi todo el mundo.
Y justo cuando parecía que la igualdad uniformizante llegaba a cada persona en el mundo, sucedió.
Alguien (¿uno, muchos?) descifró los códigos. El aparato de tecnología exclusiva y costo de millones ahora podía ser programado por cualquiera. Enseguida aparecieron laboratorios piratas que vendían las drogas para recargar tu nuevo dispositivo “desbloqueado”. Y muchos descubrieron que el aparato podía ser “sintonizado” en estados muy diferentes de la apática normalidad institucional.
¿Querías vértigo? ¿Querías excitación? ¿miedo, autoestima, simple placer o éxtasis? Todo podía ocurrir simplemente alterando los mandos. La gente se sentía otra vez dueña de su sentir. Por supuesto ya nadie llamaba al dispositivo por su nombre oficial. Le decían “Little Big Dot” o simplemente Libido.
El descontrol fue fenomenal. Masas enteras de humanos dedicadas a disfrutar , a explorar nuevas posibilidades y a renunciar a toda forma de control exterior.
La fiesta no duró mucho. Libido fue prohibido y sus fabricantes perseguidos. 20 años después de su lanzamiento ya nadie hablaba de él.
Por lo menos no en público.
domingo, 18 de abril de 2010
Los viciosos

Dentro de n años lo que hoy llamamos computadoras serán un adminículo interno que cada ser humano llevará implantado desde su nacimiento. Así, viviremos conectados con las hiperredes todo el día y lo primero que cada humano normal haga al abrir los ojos y despertarse será accionar algun mando y conectarse.
También lo último que hará en el día será desconectarse antes de dormir.
Algunos mientras tanto, nos olvidaremos de ese ultimo acto y permaneceremos conectados entre sueños...de puro viciosos, nomás.
miércoles, 14 de abril de 2010
MARTES FANTASTICOS
El hombre contaba el dinero de la caja detrás de la barra del bar cuando vio entrar a un cliente.
Fue solo un momento y la figura cambió de color. Luego estalló en llamas y finalmente desapareció sin dejar ni un rastro.
Lejos de inmutarse, el dueño del bar solo dijo…ah, hoy es martes.
Sabía que en un rato vendrían los fantásticos montevideanos de todos los martes. Esos días el boliche se llenaba de fantasmas.
Por eso nada le extrañó cuando más tarde un vampiro le hablaba en el oído a la moza o a la mesa del fondo nadie iba por la cantidad de mariposas.
Claro, esos días había que andar más despierto. Que no le pises la sombra a este, que no le ofrezcas agua a aquel…últimamente había que tratar con cuidado hasta las piedras. Los robots de la ventana no molestaban mucho, a lo sumo habia que bancarse su actitud pedante pero el hombre se comenzó a fastidiar cuando prendió la tele para ver el partido y solo aparecía una especie de correo elctrónico interplanetario.
Un poco enojado se fue al baño a refrescarse la cara y del otro lado del espejo una vaca lo miraba con odio. El hombre recordó las palabras de su socio:
“No dejes que se te armen en el boliche contubernios de escritores. Los tipos cargan con sus fantasmas y, tarde o temprano, te invaden el local. Si no los sacás a tiempo terminás vos mismo tan loco como ellos”
El hombre pensó una vez más si no sería ya hora de decirle a esa gente simpática que ya no vinieran más, que ya no eran bienvenidos. Pero no, eran demasiado simpáticos y aunque no gastaran mucho le daban vida al local.
Además le habían regalado un libro y eso le gustó. No muchos le hacía regalos por esos días.
Primero dijo que no, que no leía. Pero ellos insistieron y le dejaron un libro de historietas llamado “El Eternauta”. El hombre todavía no había leído ni una página.
Para distraerse se puso a mirar por la ventana. Incrédulo, vio como empezaba a nevar – que raro, se dijo, nunca nieva en Montevideo - mientras en la vereda de enfrente un hombre cayó al piso como enfermo.
domingo, 11 de abril de 2010
Ellos saben
- Yo vi la primera vaca suicida.
La anciana rió al acordarse. Luego señaló a las sierras y continuó:
- Es que en la falda de la sierra había un matadero. Los vecinos de acá, del balneario, siempre nos quejábamos por los olores, pero no nos daban corte...bueno, el caso es que ese verano yo estaba mirando la playa desde la terraza y la vi.
- ¿La viste?
- A la vaca. Vino corriendo por la calle en plena mañana y se metió en el mar. Se quería suicidar, eso es seguro. Pero los pescadores la sacaron. No pudo ni matarse.
- Pero, ¿como sabes que quería matarse?
- Porque se dio cuenta que la iban a matar para comérsela y prefería morirse así.
......................
Hacía veinte años de esa conversación y la Ingeniera Daniela Montero la recordaba cada vez más a menudo.
En su momento, la conversación con Manuela, la anciana de Playa Negra había pasado como cualquier otra. En esa época, en el diario salían las primeras noticias del “mal de las vacas locas” y eso le había refrescado los recuerdos a la anciana.
Daniela calculó...la anciana ya hablaba de aquel como un cuento viejo, así que el suceso de la vaca era de por lo menos diez años antes de la conversación... ¿vacas suicidas hace treinta años? ¿Sería posible?
2.
Marcelo Pereira estaba convencido que lo que todo el mundo le señalaba como un defecto, era su principal virtud. El era, ante todo, atrevido.
No le había importado perder oportunidades en su carrera y tener que aguantar alguna que otra novia aconsejándole prudencia. El sentía que, cada vez que sintió ganas en la vida dijo lo que pensaba de cualquier tema...y bueno, había afrontado las consecuencias.
Termino la carrera de contador como pudo pero lo ultimo que quería era ser un oficinista. Así que cuando hacía dos meses le ofrecieron la posibilidad de trabajar en MP no lo pensó mucho.
La empresa se dedicaba a “optimizar la producción optimizando el uso de los recursos” según rezaba el lema oficial. En la práctica, se metían adentro de otras empresas, criticaban todo lo que encontraban y, si todo salía bien, encontraban mejores formas de hacer algunas cosas.
Esa oportunidad de criticar para mejorar era una especie de paraíso vocacional para Marcelo. Además, la Ing. Montero era una jefa amable y se llevaban bastante bien.
Marcelo juntó los últimos datos sobre el Frigorífico y todo coincidía. Tomó la decisión y fue a decírselo a su jefa.
No esperaba que un comentario de trabajo le podía provocar tanto miedo a la Ingeniera Montero.
3.
A ella le pareció que nunca había escuchado algo así.
En realidad, que nunca había escuchado a otra persona decir eso. Pero estaba claro que ella misma si lo había dicho.
Aunque hacía mucho que no lo hablaba, recordó su descubrimiento del tema. Primero fueron comentarios extrañados a algunos colegas. Después los esbozos de una teoría que parecía descabellada. Finalmente, un miedo creciente y ver como se cerraban puertas cuando se mencionaban determinados temas.
Es más, entre los analistas de los mercados ganaderos y de frigoríficos habían palabras que estaban prohibidas. Ya nadie decía “tasas de suicidio animal” o ni siquiera “tendencias de mortalidad en planta” . Cuando no había más remedio que hablar de ello se usaba las siglas TMP o TMC pero nadie las calculaba, nadie las medía...o por lo menos nadie lo comunicaba.
Sin embargo, en un país como Uruguay con 13 millones de vacas contra 3 millones de personas algunos secretos no podían durar mucho tiempo. Es que simplemente, la gente podía darse cuenta sola. Eso había pasado ahora con Marcelo.
Marcelo explicaba y mostraba gráficas y tendencias: “Cada vez hay más muertes del ganado en la entrada de los mataderos. También aumenta la incidencia de muertes en los campos por causas no declaradas o por lo que llaman violencia animal. Sin embargo he buscado en revistas y textos y no hay ninguna referencia....usted cree que se pueda publicar este estudio? ”
En medio de su miedo, Daniela encontró digno de reírse el comentario.
- ¿Tu querés publicar estos datos? ¿Y que conclusión le vas a poner? ¿Tenés una idea de por qué está pasando esto?
- Eeeh...no. Pero los datos son claros.....¿usted sabe por que ocurre esto?
- Me parece que sí. Pero si te lo digo te olvidás o lo tomás como una locura producto del cansancio del Viernes, ¿ta?
- Dale.
- Esos números no son muertes accidentales...son suicidios.
- Perdón, Daniela....¿vacas suicidas?
- Si
- ¿Y por qué se suicidan las vacas?
- Porque saben que las van a matar....ellas saben.
4.
La oportunidad, su oportunidad. Aunque fuera por boca de otro, Daniela iba a escuchar en público lo que hasta ahora solo había sugerido en privado.
“Cerebros atormentados” era el nombre de la fiesta que los estudiantes de ciencias daban cada año en donde la consigna era escuchar (lo más seriamente posible) las más disparatadas teorías con la única condición de que estuvieran presentadas en formato científico.
Concebidas inicialmente como un ámbito para liberarse de paradigmas y permitir un auténtico brainstorming aquella mezcla 90% de presentaciones y 10% de fiesta había ido variando bastante esas proporciones relativas.
En los últimos años, además, gran parte de las presentaciones versaban sobre diferentes variantes sexuales y el nivel general parecía descender sin remedio.
Este año, sin embargo, Daniela sabía que habría algo diferente. Lo había convencido a Marcelo para que expusiera su teoría.
Por primera vez iba a ver la cara del público escuchando algo semejante. Caras de gentes comunes, no ganaderos, no carniceros, gente común que iba a escuchar que los animales son conscientes de que los matamos.
Y pasó. Marcelo habló, brillante, desenfadado, atrevido, atractivo. La gente escuchó primero distraída, después incrédula, al final dubitativa.
Pero nadie se atrevió a ridiculizarlo. Es más, Daniela hubiera jurado que su teoría tenía ahora algunos adeptos.
Esa noche brindaron y se divirtieron como pocas. Daniela se daba cuenta que disfrutaba cada vez más de esa compañía fuera de contexto pero no se dejó llevar por fantasías románticas. Esa noche su cabeza celebraba el desahogo de años de una verdad oculta.
Ahora la gente se va a dar cuenta que los animales saben que son criados para ser matados. Pero ¿como lo saben? ¿eligen morir por nosotros? ¿es verdad que algunos se rebelan? Se abrían muchas más preguntas ahora. Pero eso no importaba, la gente ahora se iba a dar cuenta que ellos saben.
5.
Cuatro días después de "Cerebros atormentados" dos hombres llamativamente bajos llegaron sin cita previa a las oficinas de MP. Daniela y Marcelo los recibieron intrigados. Los hombres fueron directamente al grano:
- El otro día usted estuvo presentando unas ideas raras en la Facultad de Ciencias, ¿verdad?
- Si (interrumpió Marcela) ...¿ustedes tambien se dieron cuenta que ellos saben?
- Señora, no solamente ellos saben.....los otros ahora saben que ustedes saben.
6.
El diario del día siguiente decía en una página secundaria:
“En lo que parece ser la escena de un crimen pasional un hombre y una mujer fueron encontrados muertos ayer en una oficina del centro. Se trata de la Ing.........”
