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domingo, 1 de julio de 2012




LA SOMBRA
Patricia K. Olivera

Cada vez que pasaba frente a esa vieja casona de la calle Cerrito, se sentía observado. Era inevitable fijar la vista en ella, ante la sensación de ver la imagen de una persona en el balcón; sin embargo, cuando miraba no había nadie. Llamaban su atención los adornos de cristal que ostentaban las barandas. Imaginaba que, quienes vivieron allí, gozaban de una posición privilegiada en la sociedad de su época. 

viernes, 29 de junio de 2012



Ilumíname

Diego Coppa Rutigliano


Un matorral de verdes y frondosos arbustos adornaba cientos de metros a orillas de la playa de ciudad Palmares. José, un vigoroso joven de unos veintidós años corría con mucha fuerza, sorteando ramas, piedras y pequeños charcos formados por las insistentes gotas que hacía diez minutos habían comenzado a caer. Había obtenido esa agilidad desde los trece, cuando su abuelo paterno comenzó a prepararlo para recibir su legado. Nunca supo porque en una familia tan grande le correspondió a él ese honor. Tenía tres hermanas, y un hermano. Él era el segundo más chico; sin contar sus trece primos por parte de nueve tíos.

Cruzó varios árboles de tronco grueso, todos iguales, pero ante uno en particular se detuvo de repente y giró a la izquierda. Ya empapado caminó a paso ligero unos cien metros en dirección a la playa y se encontró enfrentado con una gran abertura del bosquecillo que desembocaba en una parte muy apartada, desolada. Era una zona de cuevas, casi todas inaccesibles porque estaban muy adentro del mar, con mucha agilidad se abrió paso hasta la más cercana, saltando piedras y caminando con su cintura hundida en las aguas. Desapareció a los pocos minutos en la oscura cavidad y solo emergió nuevamente a la luz en la mañana siguiente tras sobrepasar la tormenta eléctrica. Pero al salir traía consigo la recompensa.

Varios años atrás en un tarde de lluvia similar a la de aquel día Ulises, el abuelo de José –que en ese entonces apenas contaba con trece años-, entró corriendo por la puerta principal de la antigua casa de dos pisos en la que vivía. Estaba bañado en transpiración, y dejaba a su paso un intenso olor a quemado, mezclado con el salitre del mar. Llevaba una bolsa de tela marrón apoyada en su hombro derecho. Al dar cada paso un sonido metálico proveniente de la bolsa se percibía con claridad. La dejó en la entrada y preguntó a José donde estaba su abuela, dejándole el encargo de cuidar la bolsa hasta que el regresara. En los pocos minutos que este demoró en volver José se debatió una y otra vez entre abrir la bolsa y develar el misterio o dejarla como estaba y cumplir con su palabra. Su abuelo volvió y se llevó la bolsa –que había permanecido intacta- y le pidió a su nieto que la próxima vez que viera llover volviera a buscarlo, porque tenía que enseñarle a cazar rayos. José muy entusiasmado asintió y le dio un gran abrazo.

Fue así que nueves días después, en una tarde de verano en que el cielo se cubrió en grises nubes, José les dejó una nota a sus padres y tomó el ómnibus hasta la casa de su abuelo. Este lo estaba esperando. Sentado en el sillón de mimbre de la entrada, su abuelo sonrió al verlo, tomó la bolsa de tela marrón y la colgó de su hombro.
-¿Estas pronto Josecito?
-Ya soy grande, decime José –el abuelo soltó una carcajada y asintió, levantando su palma izquierda- Sí abuelo, quiero aprender a cazar rayos como me dijiste- continuó el joven.
-No tan rápido José, primero te quiero contar la historia más importante de la familia. Esto no se trata solo de salir a cazar, sino de continuar una tradición que nos acompaña desde los orígenes de nuestra descendencia- y así el viejo Ulises comenzó su historia.

El apellido de nuestra familia, Roses De Verre, como sabrás quiere decir literalmente rosa de cristal en su traducción al francés. Mi abuelo, el gran patriarca comenzó ese apellido en honor a su descubrimiento. Un día caminando por la playa llegó hasta una zona de cuevas, un grupo de una decena de grandes piedras huecas adentradas en el mar. Su espíritu lo llevó hasta la entrada de una de ellas, y luego de explorarla por más de una hora, se fue. Pasaron unos pocos días y comenzó a sentir la necesidad de volver, como si algo lo mantuviese amarrado a esa cueva, y sin entender aun porque, tomo varias copas de metal consigo y se las llevó en una bolsa marrón de tela. Esa noche el clima estaba amenazante. Los relámpagos iluminaban el cielo como finas lunas extendiéndose por el horizonte. Pero la atracción seguía latente. Con sus trece años a cuesta y su espíritu aventurero intacto comenzó a apurar su paso cuando las primeras gotas golpearon el piso. Cuando llegó a la cueva el diluvio era total.

Al entrar, tres cosas pasaron para las cuales no tuvo explicación. Primero tomó cada una de las copas y las llenó con la arena virgen, de colores puros, que había en ese lugar. Luego las colocó en un círculo una al lado de la otra bajo una pequeña abertura que aparecía en el fondo de la cueva, a través de la cual se filtraba la lluvia. Finalmente, mientras la tormenta se iba intensificando, recolectó varias piedras de la cueva y las distribuyó todas dentro del círculo formado por las copas. En ese momento sintió que su trabajo estaba finalizado. Se apartó del altar que había construido y quedo a la espera, sin saber aún de qué. Afuera apenas se podía escuchar el viento, la acústica aislaba todo sonido del exterior. Casi todo sonido. Unos minutos después de dormirse en la cálida arena, un rayo penetró en el silencio de la noche y se enhebró por el pequeño orificio de la cueva, impactando directamente sobre las copas y las piedras. La lumbre se mantuvo viva en un círculo interminable pasando de copa en copa, para morir unos instantes después en medio de las rocas del centro. Al principio mi abuelo quedó impactado, sus oídos zumbaban y sus ojos demoraron otros instantes para volver a acostumbrarse a la oscuridad, pero no sintió miedo. Se acercó lentamente hasta donde estaban las copas, un gran calor emanaba del conjunto de metálicas reliquias. Pensó en salir a buscar agua para enfriarlas, pero la lluvia que se filtraba por el techo de la caverna estaba haciendo ese trabajo por el. Se alejó nuevamente y unos minutos mas tarde toda la escena se repitió. El silencio, un gran estruendo, la intensa luz blanca y volver a la oscuridad. Con el pasar de las horas siete rayos sacudieron la cueva, pasando por la abertura del techo y golpeando directamente el conjunto de copas, arena y piedras, para desaparecer unos segundos después. En los últimos dos golpes de la noche él ya estaba dejándose ganar por el sueño.

A la mañana siguiente, cuando despertó, la lluvia había cesado. Corrió hasta las copas solo para descubrir que la arena que hacía unas horas era virgen y de colores vivos, se había convertido en un cristal transparente, brilloso, con mucho olor a quemado, amoldado a la forma de las copas, ya frías. Comenzó a sacudirlas y la sorpresa fue aun mayor cuando el cristal de cada una fue cayendo al suelo. No lo había notado, pero en el interior de las copas metálicas estaban talladas unas figuras hermosas, diferentes entre sí, pero iguales en esencia. Se encontraba frente a varias rosas de cristal. Con mucha excitación comenzó a olerlas, a saborear ese material que él había fabricado. Tomó una de ellas y la llevó hacia la puerta de la cueva, donde el mar aparecía más tranquilo, y la sumergió para lavarla. Cuando la sacó del agua tuvo en sus manos unas de las más hermosas imágenes que había visto en su corta vida. Una hermosa y brillante rosa de cristal. Volvió a la cueva, juntó las restantes rosas, las copas, distribuyó las piedras por la cueva, devolvió los pocos granos de arena que se habían mantenido vírgenes al suelo, guardó todo en su bolsa de tela marrón y volvió a su casa. Al llegar lavó las copas y las puso en su lugar. Con suerte nadie abriría el cajón de las copas por mucho tiempo. Guardó los cristales bajo su cama y se acostó a pensar en lo que había vivido esa noche. Quería volver a hacer mas rosas, pero no estaba en sus manos. Tenía en sus manos el poder de transformar esa arena pura tan especial en un hermoso cristal, pero dependía de la ayuda de la naturaleza.

Con el devenir de los tiempos comenzó a experimentar con diferentes formas, descubrió que podía aprovechar la fuerza de los rayos para fundir dos figuras de cristal y dedicó todo su tiempo de adolescencia en perfeccionar su técnica. Fue así que gracias a tantos años de trabajo, cuando supo que su esposa estaba embarazada, pudo darse el lujo de comenzar su obra más grande. En los seis meses que antecedieron el nacimiento fue construyendo una a una, diecisiete barras de cristal formadas por la fusión de siete rosas de arena cristalizada. Un día antes que su primogénito, mi padre, naciera, unió las barras a una gran base de madera, le colocó varios almohadones y así construyó un corralito de cristal, donde sus tres hijos pasaron sus respectivos primeros meses de vida.

-La tradición en la que hoy te estas iniciando – dijo el abuelo a José- establece que una vez que nace un nuevo hijo en la familia, el actual cazador debe hacer un presente utilizando la técnica que se le ha conferido. Cuando este presente termina de ser usado debe ser destruido para evitar que se repita el incidente que dio final a ese corralito, el regalo que comenzó la tradición.
Una noche de lluvia, cuando el abuelo estaba en una de sus cacerías, y la abuela dormía, entraron unos ladrones a la casa y se la robaron. Un mes mas tarde gracias a investigaciones policiales pudo saberse que los maleantes habían salido del país con cinco maletas, seguramente conteniendo las barras de rosas de cristal. Fue así que mi abuelo decidió que, para evitar que el secreto se perdiera en el tiempo, cada dos generaciones uno de sus descendientes, el que la voz interior del actual cazador le dicte, fuera instruido en el arte de cazar rayos.
-Gracias abuelo- dijo José.
-Sé que el legado queda en las mejores manos
-¿Y qué paso con las barras del corralito? ¿Alguna vez supieron algo?
- Nunca se supo más nada, solo que cuando los ladrones salieron del país tenían por destino algún país en Sudamérica.
FIN

Diego Coppa Rutigliano. Escritor nacido en Salto. Se destaca en narrativa breve, novela, artículos y cuento brevísimo. Mención en el Concurso de minicuentos de Antel.Participó en "Taller literario del Castillo Pittamiglio", integrante del taller "Escritores Creativos". http://unostextos.blogspot.com/

lunes, 20 de febrero de 2012

El autómata


Llegó al bar y eligió una mesa junto a la ventana. La más alejada del televisor. Colgó el abrigo en el respaldo, sacó un bloc y lo puso sobre la mesa. En la primera hoja dibujó la palabra AUTÓMATA, la subrayó y se dedicó a observar la blancura del papel. Estaba vacío de ideas.
El mozo se acercó.
- Un café.
- Enseguida – contestó el mozo y se retiró.
Él se puso a contemplar nuevamente la hoja en blanco: no se le ocurría nada, no sabía cómo bosquejar el autómata.
Miró a través de la ventana, el día gris, la lluvia, la gente caminando apurada sin poder evitar mojarse, los autos.
El mozo volvió y depositó sobre la mesa, junto a la hoja en blanco, un pocillo de café, un vaso con soda y dos sobrecitos de azúcar.
El olor de la bebida lo estimuló. Decidió olvidarse por un rato del problema que representaba la hoja en blanco. Iba a dedicarse a saborear el café.
Volcó el azúcar y comenzó a revolver. La cucharita chocó contra algo emitiendo un ruido metálico. Extrañado miró dentro del pocillo, pero no logró distinguir nada, el café era oscuro y hasta tenía espuma. Tanteó con la cucharita y volvió a sentir un tintineo. En efecto, allí había algo.
Buscó la manera de sacar lo que había dentro. Introdujo un dedo en el café pero no tocó nada. Probó metiendo toda la mano. No obtuvo resultados. Se arremangó y metió el brazo hasta el codo. Con la yema de los dedos logró apenas rozar una pieza de textura metálica. Apoyando la cintura en el borde, y sosteniéndose firme con la mano izquierda, aguantó la respiración, se metió en el pocillo y tomó el objeto. Al fin logró sacarlo.
Lo secó con una servilleta. Lo apoyó sobre la hoja y lo admiró: una pieza metálica de unos cuarenta y cinco centímetros de alto y base cuadrada de dos centímetros.
Observó su impecable cromado, el detalle de las terminaciones, las puntas redondeadas. Experimentó con las partes móviles de su interior.
La hoja ya no estaba más en blanco. Estaba manchada de café. Emocionado tomó el café, pagó y se fue.
Al día siguiente eligió la misma mesa y pidió otro café.
Nuevamente la cucharita tropezó con un objeto metálico. Pero esta vez había venido preparado: sacó del bolso una pinza con brazo extensible, suficientemente larga, y con facilidad extrajo la pieza del pocillo. Después de secarla la estudió y encontró la manera de encastrarla con la pieza del día anterior. Sintió un suave “clic” que lo hizo estremecer de placer. Apoyó el conjunto sobre la hoja, ahora muy manchada de café.
Tardó solo siete días más en tener pronto el prototipo del autómata con las piezas que iba extrayendo de los pocillos.

Alvaro Bonanata. Escritor nacido en Montevideo. Narrador, conferencista, integrante del Grupo Fantástico de Montevideo. Mención de Honor en el Concurso Literario A.E.D.I (Asociación de escritores del interior), con el cuento "La partida de cartas".

jueves, 2 de febrero de 2012

Sebastián a través del agujero


Sus nietos tenían la costumbre de buscar cosas raras y curiosas en Internet. Y lo que le mostraron aquel día le cambió la vida. Mejor dicho, le decidió a terminar con su vida.

Pero no fue algo triste o dramático lo que le mostraron. No. 

Más bien le demostraron que el  sueño tanta veces soñado podía ser real.

Porque el abuelo Sebastián llevaba años soñando que navegaba en un lago tranquilo y de pronto caía en un enorme hoyo, como si fuera el agujero de la pileta cuando sacamos el tapón. Pero esa caída era placentera, aliviante (porque lo aliviaba de sus dolores) y alivianante (porque lo convertía en un ser sin gravedad, era una caída en la que casi flotaba).

Desde hacía tiempo que con esa imagen cada noche se dormía feliz y cada mañana lamentaba tener que volver al mundo real de su cuerpo pesado y sus dolores.

Por eso, cuando su nieto Martín le mostró el "Monticello Dam" en California, supo que tenía que ir y hacer su sueño realidad.
....

Por supuesto que acercarse al gigantesco agujero en medio de aquel lago artificial no le fue nada fácil. Hubo que inventar excusas en la familia, sobornar a funcionarios para obtener permisos y finalmente escapar de los guardias.

En otro momento de la vida de Sebastián aquello hubieran sido aventuras dignas de detallar, sin embargo ahora eran como el preludio de lo verdaderamente importante. Como el prólogo de su novela maestra escrita por otro autor muy menor. Lo verdadero estaba adelante, estaba dentro de aquel agujero.

Por eso solo vale la pena contar que finalmente llegó. Tal cual en sus sueños, solo en su pequeño bote se dejó arrastrar por el gigantesco vórtice. Y tal cual en sus sueños, disfrutó y flotó. Flotó y disfrutó.
....

Cuando horas después lo reanimaron, el los miraba con una sonrisa profunda. Sus familiares  le querían explicar que casi había muerto, que los mecanismos de seguridad del agujero artificial lo habían salvado y que solo como un milagro  podía explicarse que no se hubiera ahogado.

El no decía nada pero tenía la convicción que estaba del otro lado del agujero. En un mundo espejo donde esta gente (los familiares de su doble quizá?) no se daba cuenta que el venía desde el otro lado.

Igual poco importaba. Ya sabía que su doble había pasado al otro lado (a su mundo) cruzándose con el y que solo hubo un momento donde el se encontró con sí mismo. Solo un momento, adentro del agujero.

Y toda la vida había valido la pena por ese momento.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Mea culpa

"Lo que calma es el grito"
Buenos muchachos. Pavimento de buen muchacho.
En la pared de mi cubículo pegué la entrevista a Ray Kurzweil que Viking Press le hizo por los años ochenta con motivo de la fundación del Instituto de la singularidad para la Inteligencia Artificial. La leo todos los días para confortarme, para subrayar la diferencia con estos humanos de hoy, los que ya no saben qué es leer ni escribir, los que ya no hablan ni escuchan, los que ya no sienten... Pero sobre todo la leo para regodearme en haber sido tan inocente, en haber creído todo aquello, en haber apostado a la Singularidad.
La parte que más me gusta de la entrevista es cuando Kurzweil le explica al periodista de qué viene la cosa:
"Dentro de un cuarto de siglo, la inteligencia no-biológica va a igualar el alcance y la sutileza de la inteligencia humana. Luego la va a sobrepasar, debido a la aceleración contínua de las tecnologías de la información, así como la capacidad de las máquinas para compartir instantáneamente su conocimiento. Los nanobots inteligentes estarán profundamente integrados en nuestros cuerpos, nuestros cerebros y nuestro entorno, venciendo la contaminación y la pobreza, brindando una longevidad enormemente extendida, una inmersión total a la realidad virtual incorporando todos los sentidos, la teleportación de experiencias, y una inteligencia humana enormemente mejorada. El resultado será una íntima fusión entre las especies que crean la tecnología y el resultante proceso evolutivo tecnológico."
-¿Y esa es la Singularidad? -pregunta el periodista.
-No, sólo es la precursora -le aclara Ray- la inteligencia no-biológica tendrá acceso a su propio diseño y será capaz de mejorarse a sí misma en un ciclo de rediseño cada vez más rápido. Llegaremos a un punto donde el progreso tecnológico será tan rápido que la inteligencia humana no-mejorada será incapaz de seguirlo. Esto marcará la Singularidad."

¡Maldita Singularidad! Todavía quedamos algunos cientos con "inteligencia humana no-mejorada", y son ellos, los nuevos, los que no pueden seguirnos.
Vivimos en una especie de zoológico cerrado al público, sólo los de mantenimiento y los educadores pueden entrar aquí. Los de mantenimiento, como el resto del planeta, son ciegos, sordos y mudos a todo lo que venga a través de los sentidos. Los educadores, en cambio, están equipados con decodificadores para oir los ruidos que hacemos, olfatear los perfumes que emanamos y ver el aspecto que tenemos y cómo nos movemos. No tienen decodificadores ni de tacto ni de gusto.
Los de mantenimiento hacen exactamente eso: nos mantienen vivos. Los educadores hace ya más de cien años que nos estudian; tratan de comprender cómo funciona nuestro cerebro para poder volvernos "normales".

Cada tanto logran "normalizar a un antiguo" -como dicen ellos- y creo que es lo más parecido a la satisfacción que sienten. "Paró de sufrir" -dicen, pero no tienen idea de lo que significa "sufrir"; ya muchos verbos son carentes de contenido para esta nueva raza.

Jamás entenderán el sufrimiento de Charly. Ningún decodificador podrá hacerlos sentir ese piano que le permiten conservar y en el que Charly toca y toca, mientras canta todo lo que duele ser él. No tienen decodificador para la furia, ni para lo que ella lastima. No pueden entender cuando él grita "Say no more". Ellos sólo pueden ver y oir la desmesura. El esqueleto fuera de toda medida, mucho más largo que ancho, transparentándose por esa poca carne que lo cubre. A ellos sólo les llega la cantidad de decibeles del grito, no el grito mismo.

Cuando vienen me concentro en tararear canciones antiguas. Con el esfuerzo de recordar la letra mantengo mi cabeza ocupada, cerrada a otros pensamientos. Tarareo canciones de cuna e infantiles, alguna balada, cualquier cosa que suene inocua y tranquila, así no les entra la urgencia por normalizarme. Me ven serena y me dejan en paz.

¿Cómo podía imaginar que a mi defensa la iban a convertir en un arma?

Hoy normalizaron a Charly. Me crucé con él a la salida del cubículo de mantenimiento. Caminaba como dormido e iba tarareando bajito: "Tirate al río en la parte más profunda, y después cuando te hundas, si querés podés gritar".

Catalinaa

viernes, 25 de noviembre de 2011

LEYENDAS URBANAS

CABEZAS MOJADAS
Mónica Marchesky
La lluvia caía como puñal en el río. Guillermo corría con su coche por la ruta paralela y nunca había visto llover con tanta saña, eso lo molestó, ya que quería estar en casa antes del anochecer. Comenzó a divisar tras la cortina de agua un puntito negro en la banquina, que se fue haciendo más visible y al pasar frente a él, se percató que era un hombre, que le hacía señas con dos mochilas en las manos. Guillermo pasó frente a él y siguió su marcha. Se detuvo casi inconscientemente más adelante y observó por el espejo retrovisor; a pesar de la poca visión, notó que el hombre no se movía de su sitio, se mantenía estático bajo la lluvia que se le clavaba en el cuerpo desgarrando su negro impermeable que le llegaba a los pies. Guillermo pisó moderadamente el acelerador y continuó su camino, pero la visión horrorosa que tuvo de ese hombre en la ruta no se la podía sacar de encima. Comenzó a tejer conjeturas...
-No puedo subirlo al coche –trató de convencerse- está hecho un desastre, me arruinaría el tapizado... quiso detenerse en un café a la vera del camino, pero siguió como si ese deseo no hubiera sido recibido por su cerebro.
-Hice bien en no subirlo –hablaba en voz alta- ¿y si fuera un ladrón?, hay historias increíbles de casos de aventones que terminaron en robo... eso no es nada, si fuera un asesino, además de ladrón, asesino, no, no, no, un extraño en mi coche no, a pesar de toda esta tormenta que no cesa, de esos relámpagos que cortan el cielo, de esta maldita lluvia que no me deja ver...
-¡Dios! –gritó- ¿y si fuera un accidente?, ¿Si ese hombre estaba pidiendo ayuda? Y yo no se la brindé, ¿si estaba aturdido y por ese motivo no corrió al coche cuando me detuve? , avisaré en el primer puesto policial que encuentre... no, no, no estaría bien, me preguntarían por qué no me detuve, y tendré que decirle: No lo subí al coche, porque estaba mojado señor agente. Jajajaja a quién se le ocurre estar parado en la ruta en un día de lluvia y sobre todo, mojado. El sonido del celular lo distrajo de sus divagantes conjeturas. Era su esposa. Cuando al fin llegó a la casa, le dijo a su mujer preocupado lo que había hecho.
-¡He dejado a un hombre parado en la tormenta!, por la sencilla razón de no querer crearme problemas, no sé quien pudo ser, pero lo cierto es que me ha venido martillando desde que lo dejé bajo la lluvia. Bajo la lluvia seguía esperando un hombre a su tercera víctima, con ambas cabezas de dos infortunados conductores, en sus manos.

Cuento Integrante de la publicación "Los mil y un insomnios" Toluca (México)

domingo, 20 de noviembre de 2011

LEYENDAS URBANAS


LA NOVIA NOCTURNA
Diego Coppa Rutigliano

El otro día, caminando con un amigo de esos que consideras un hermano, cruzamos por el cementerio del Buceo y como estaba abierto, entramos. Los cementerios nunca me interesaron, pero tampoco me perturba entrar a uno o ir a un entierro, siempre que había pensado en ir era para no salir más. Sin embargo, como era domingo y todavía no pegaba el sol de febrero, Javier no tuvo mejor idea que sugerir hacer una recorrida, como buen fanático de la artes oscuras

La cuestión es que comenzamos a recorrer todas las calles internas, irónicamente llenas de verde, parando en cada tumba que nos llamaba la atención. Obviamente estuvo en nuestra recorrida la de Aparicio Saravia, la de Salvador Pla (el primer enterrado en el año 1872) y la de la niña que se suicidó a los once años tirándose al río en el puertito del Buceo, cuya imagen en blanco mármol no deja lugar a duda de ninguno de los rasgos de la pequeña. Sin embargo, más allá de lo interesante que pudieran parecer estas historias, la que me contó mi amigo ese día fue la de la tumba vacía que está al lado del llamador más cercano a la entrada de Avenida Rivera. La leyenda de la novia nocturna.

Su hermano, historiador, le había contado que en el año 1927 Marcelo de veintinueve años, novio de Marcela de solo veintiuno, se encontraba a punto de dar el sí en la iglesia, cuando de repente sintió que le faltaba el aire. Su novia y casi esposa ya había dado el sí, pero al momento de tener que hacer lo mismo, él no pudo emitir sonido. Se desplomó en el piso, y muy preocupados, sus amigos y familiares se acercaron a socorrerlo. El escuálido hombre no se movía y lo trasladaron al hospital Militar, donde un doctor le aplicó suero y le hizo todo tipo de análisis. Después de varios intentos de reanimación el hombre murió.

El entierro fue al otro día en el cementerio del Buceo, pero la novia nunca apareció. Con el tiempo se supo que se había fugado junto a su amante, un doctor de cuarenta y cinco años quién le había facilitado a Marcela el veneno para matar a su novio. El mismo doctor se las había ingeniado para atender al paciente, y eliminar el rastro del veneno, una vez que este ingresó al hospital. Su plan de dar muerte a Marcelo funcionó, pero solo a medias ya que lo que querían en verdad era que el hombre muriera después de dar el sí, pero antes de llegar a la luna de miel. El fallecido tenía una gran herencia y ella no era virgen, por lo que cuando él lo descubriera en su lecho de boda la iba a desheredar.

Al año siguiente, presa de un ataque de culpa, la mujer fue a visitar la tumba de su víctima, pero nunca se la volvió a ver. Esa misma tarde-noche, cuando el doctor notó la ausencia de su amante, fue desesperado a buscarla al cementerio y encontró la tumba de Marcelo abierta, como si hubiese salido de su descanso y alcanzado la superficie, para llevarse con él a Marcela.

Desde ese día, y todos los años en el aniversario de su frustrado casamiento y de la desaparición de ambos, se repite la misma escena a las puertas de la necrópolis capitalina. La mujer, vistiendo su radiante vestido blanco de novia virginal aparece detrás de los barrotes de la entrada principal del cementerio del Buceo, sobre Avenida Rivera, gritando para salir, sacudiendo sus manos hacia afuera queriendo escapar. Los vecinos, e incluso las prostitutas de la zona, la han visto y escuchado en las noches. Siempre encuentra el cementerio cerrado y así paga en la eternidad su pecado cometido en el mundo de los vivos, con su alma vagando en el de los muertos.

domingo, 23 de octubre de 2011

LA CASA DE VIOLETA

HERRAMIENTAS Y MONSTRUOS
Patricia Bertacchi
Abrimos la puerta con todo el entusiasmo de las vacaciones de invierno. La casa estaba helada. Podía aspirarse el olor a frío y abandono. Oscuro y desagradable. Le dijimos a Violeta en tono de broma, que hubiera sido mejor que su invitación fuera en verano. Ella rió burlonamente. Nos miramos sin comprender el porqué. Todo en la casa era polvo, negrura y frío sepulcral. Violeta parecía que fuera otra. Se la veía activa y radiante. Nos habíamos vuelto grises y ella… una flor perfumada.
Tratamos de hacer algo para cenar y arreglamos algunos colchones frente a la estufa para estar todas juntas hasta que llegara la mañana. Con la luz del día se vería todo de otra manera. Cenamos y nos metimos en las bolsas de dormir a mirar las llamas del fuego. Hablábamos de amores, de tristezas, estudios y Violeta sacó el tema de su familia. Cada vez que nos contaba esas historias, se le encendían los ojos. Disfrutaba de sus anécdotas.
Se sintió ruido en el piso de arriba, donde estaban las habitaciones para dormir. Había ocho con sus respectivos baños. Aún no habíamos conocido la planta alta, preferimos quedarnos en la sala pues era muy grande la casa. Sentimos la cisterna de uno de los baños. Nos miramos con asombro. Cayó una cortina de enrollar. Violeta no mostró inquietud. Los pasos de alguien calzado con botas pesadas se sintió rumbo al altillo. Todo esto lo iba describiendo Violeta. Nosotras estábamos prácticamente encimadas unas a otras y no dábamos crédito a lo que estábamos sintiendo, menos aún a la quietud de Violeta. Corrían bolitas de vidrio por el piso, en todos los sentidos del techo de la sala. Eran como decenas de niños jugando en los dormitorios.
Los pestillos de las habitaciones saltaron todos juntos como si alguien las estuviera abriendo. Nuestros ojos eran cada vez más grandes. Las bisagras de las puertas que se abrían y cerraban, chirriaban. El sonido agudo molestaba nuestros oídos. Las campanadas de ocho relojes comenzaron a sonar ensordecedoramente a las doce y nosotras espeluznadas nos abrazamos a Violeta que emitía sonidos a metales golpeándose dentro suyo. El terror fue mayor y nos apartamos de ella como si fuera un monstruo. La miramos y era la misma joven rubia de ojos inquietos. Le decíamos su nombre pero sus ojos estaban fijos en el techo de la sala. Su abdomen se movía y se sentía como si un serrucho estuviera dentro de ella, sonaba en su pecho el golpe de un martillo en una herradura y relinchaba un caballo en su garganta.
El estupor nos inmovilizó incrédulas cuando vimos su cabello largo convertirse en la cola de un caballo que se paró en su patas y sus manos golpeaban con las herraduras el techo. Subió las escaleras en dos saltos y desapareció. Sentimos su galope en el piso de arriba mientras a su paso caían herramientas pesadas contra el suelo. Estallaron unos vidrios y se sintió un golpe seco y rotundo en el jardín. Gritamos juntas espantadas y corrimos hacia afuera. La luna llena iluminaba la fría noche.
Violeta venía silbando, oliendo un ramo de flores silvestres. Ella olía a establo y a potro. Arreglándose el cabello, nos sonrió y nos dijo: - ¿vamos a dormir?

miércoles, 12 de octubre de 2011

Novedades


Hoy me llegó el último gadget para blogeros. El correo me dejó esta mañana en la oficina una pequeña y elegante caja con el logo de Blogger en la tapa. Se me hizo largo esperar hasta el mediodía para, en mi media de almuerzo, finalmente conectarlo a la computadora y disfrutar.

¿Les dije lo que era? Se trata del nuevo Portblogger, un práctico y portátil portal que te permite teletransportarte al mundo de tus blogs preferidos. Ojo, no al mundo del autor del blog o adonde el autor se encuentre físicamente. El portal te transporta al mundo del blog, o sea a ese lugar/tiempo/entorno donde el blog cobra vida y se mete en las nuestras.

Así que lo primero que quise hacer fue una recorrida al azar por mis blogs preferidos. Estuve en las clases de mi prima que enseña informática y también en Haití donde mi amigo Mauro fue para ayudar y se quedó para vivir.

Pero claro, uno a veces cuando se divierte no mide las consecuencias ni lee la letra chica de los manuales de todas las cosas que compra…y el tercer Blog en mi lista es el Grupo Fantástico de Montevideo.

Apenas llegué fui atacado por una banda de monstruos. Escapé por un pelo pero me sacaron la llave para volver a mi mundo. Así que les pido que si alguno lee el blog y puede conseguir un manual del Portblogger me avise como hacerme una copia.

Mientras tanto les pido que no suban al blog criaturas demasiados complicadas para los que andamos por acá.

Saludos,

Ruben

viernes, 7 de octubre de 2011

DE HERRAMIENTAS Y MONSTRUOS

José David

Aquella casa no debía de estar aún en pie.
Todos hablaban de ella en el pueblo. Algunos decían que almas en pena bailaban por las noches y que tanto los guitarristas como el mismo Gardel la visitaban. Por las mañanas los gatos hambrientos salían de paseo sin contar nada. Adentro, la casa continuaba llena de objetos.

La sequía era grande y la miseria más aún pero, nadie osaba robar ni tocar nada.
Si alguien hubiese observado la mesa de billar se hubiese dado cuenta que, por las mañanas, las bolas siempre aparecían en lugares diferentes.
Algunos decían que eran cosa del viento.

Otros en cambio... decían que los guitarristas mataban con ellas las enormes cucarachas que nunca aparecieron.

jueves, 8 de septiembre de 2011

EN EL AIRE

Diego Coppa Rutigliano

La resaca nunca me había causado problemas; mi primera borrachera la había vivido apenas con diecisiete años, y así como cada día sale el sol, cada semana de mi vida tiene una borrachera. Claro que en diez años aprendí a controlarme, y deje atrás episodios vergonzosos como haber entrado por la ventana de la casa de mi vecino y acostarme con su hija o secuestrar al perro de mi tía y encerrarlo en el lavarropas. Pero la experiencia no sirvió de nada cuando el despertar de la mañana de ese jueves fue con la nariz sangrando y sin poder entender por qué yo, con la espalda apoyada sobre el techo, miraba mi cama desde lo alto de mi asombro.

Como un niño que por primera vez imagina que el cuco lo espera en la oscuridad de su placard, no tuve mejor idea que llamar a mi madre, fracasando al instante, sin poder emitir sonido alguno. Saqué el celular, pero no mostraba ni un rastro de señal. Mis manos, mis pies, mi cabeza, la totalidad de mi cuerpo flotaba, chocando una y otra vez contra ese techo blanco. Logré tomar control de la situación que parecía estar viviendo, no podía estar en pie, en tierra firme por así decirlo. Era como si a mi cuarto lo hubieran sumergido en una enorme piscina, excepto que no había agua, y podía respirar.

De un momento a otro el ambiente entró en escena. Me había despertado tan exaltado por el golpe con el techo que no había reparado en que seguramente no era el único aturdido con la situación. Apoyé los pies en una de las paredes y me deslicé a través de la habitación, hasta alcanzar la ventana cerrada. Levanté la persiana, no ofrecía ninguna resistencia. Afuera, la imagen era devastadora. En un principio juré estar en una pesadilla y la tranquilidad me recorrió el cuerpo. Pero los segundos fueron pasando y todo iba de mal en peor.

Como burbujas de aire que ascienden en el mar en busca de su liberación eterna, pude ver como todo tipo de objetos se elevaban desde el suelo. Algunos permanecían flotando, inmóviles o girando sobre si mismos, otros no paraban de ascender hasta perderse detrás de alguna nube, o hasta hacerse tan pequeño para la vista, que el sol lo escondía tras sus rayos. La escena no tenía sentido, pero sin embargo estaba pasando. Junté saliva y escupí, apuntando al único ser que parecía no haber sido afectado por los hechos, una pequeña araña que reforzaba su telaraña en una esquina de mi cuarto. Confirmé lo que no quería, la fuerza de gravedad había desaparecido. Quedé dubitativo mirando por la ventana cómo las personas flotaban por todos lados, intentando inútilmente largas brazadas y desesperadas patadas, que los devolvieran al seguro piso de sus casas. Algunos lograban alcanzar edificios como el mío y se sujetaban a lo que encontraban. Un niño, que a juzgar por su fruncida cara, lloraba, acompañado de su madre, miraba por la ventana, en un edificio frente al mío, cómo su perro se había escapado, y en un ascenso sin paradas hacia el cielo, chocaba con un motonetista, que parecía haber sido sorprendido por el evento en medio de la ruta.

Aún no daba crédito a lo que estaba viviendo. Se desprendieron de mis ojos un par de lágrimas, pero lejos de mojar mi remera, fueron a parar a una de las paletas del ventilador de techo. Nuevamente tome impulso, esta vez en la pared de la ventana, e intenté alcanzar la puerta de mi cuarto, sin éxito, y a mitad de camino, comencé a estudiar mis posibilidades de movimiento. Si bien era leve, existía una perceptible presión hacia arriba, por lo que para moverme comencé a dejarme llevar boca arriba hasta el techo, y como un Spiderman improvisado, fui dando pequeños pasos con manos y pies, hasta llegar a la puerta. Me estiré y logré alcanzar el picaporte. Abrí la puerta y repetí la acción de arrastrarme en cuatro patas en el techo, hasta revisar todas las habitaciones del apartamento de sesenta metros cuadrados. No encontré rastros de mi madre. Si encontré, como obstáculos en una pista de carrera, las cuatro sillas en el techo del living, la mesa, al lado de la ventana, que estaba rota y pequeños pedazos de vidrio flotaban alrededor. En el baño todo se había arremolinado en el cesto de la ropa sucia, que con su boca apuntando al suelo, parecía una improvisada trampa de implementos de baño. No vi señales de mi computadora portátil, pero imaginé en seguida que podría haberse escapado por la ventana, ya que la noche anterior había quedado sobre la mesa del living.

Por fin una idea útil cruzó mi cabeza, que parecía tomar todo esto con una naturalidad preocupante. Esto debía estar pasando en todo el mundo, por lo que en la TV alguien debería estar dando indicaciones de qué hacer. La de mi cuarto no funcionaba hacía unos meses, pero la de mi madre no. Con la mayor velocidad que la no gravedad me permitió, me arrastré hasta su cuarto, y pude ver con alegría que la TV estaba sana, flotando sin chocar contra nada, gracias al corto cable que aún la mantenía enchufada contra la pared. Logré alcanzarla y la encendí. Ninguno de los canales del cable tenía vida, algo previsible, pero desalentador; todos tenían su imagen congelada. Fui cambiando uno tras otros, en un intento desesperado de ayuda, hasta que pude leer la pantalla roja, con letras blancas de Crónica TV “No hay nada que podamos hacer”

Luego de unos minutos midiendo la situación y buscando sustento para lo que estaba pasando, el boletín de la única noticia relevante irrumpió la pantalla y le dio una explicación a todo. Fuera de lo sensacionalista, el canal de noticias explicaba, placa a placa, cómo un meteorito había colisionado contra la luna, dejando orbitando alrededor de la tierra un pequeño vestigio de masa blanca, y provocando la pérdida de atracción gravitatoria; ésta había sido sustituida por el vacío, y en ciertas regiones del mundo, por la atracción del sol, que minuto a minuto acercaba el planeta tierra más y más hacia sí mismo. Era cuestión de tiempo, el final había llegado y no había nada que hacer. Intenté encender un cigarro pero una extraña llama verde salió del encendedor sin lograr hacerlo; intenté con la hornalla de la cocina eléctrica pero sin un resultado positivo. Sabía que en el apartamento no había velas, así que entendí que no había más nada que hacer. Tomé una hoja, la apoyé en el techo de madera del living, y con una lapicera decidí relatar ésta, mi última jornada de vida. Ahora que ya terminé, voy a tomar mi caja de cigarros, voy a ir hasta la ventana, rota, y atravesando las esquirlas, voy a dar un gran salto hacia el inevitable destino, y cuando el calor se haga tan grande que me abrace, con él voy a encender mi cigarrillo, y voy a morir en paz.

Esta es una de las terribles historias que sucedieron el día que la luna desapareció de la órbita. Varios medios sensacionalistas proclamaron el fin de los tiempos, y más de dos millones de personas alrededor del mundo se abandonaron a la falta de gravedad, muriendo al instante de traspasar la capa de ozono.

Lo cierto es que una nueva luna surgió en menos de veinticuatro horas y todo volvió a la normalidad. Los daños se cuantificaron en miles de millones de dólares, pero la lección que obtuvo la humanidad fue más valiosa aún. A partir de ese día la empatía y la solidaridad dejaron de ser solo dos palabras en el diccionario, para pasar a ser los cimientos de una nueva era, una era de valores, conciencia y cuidado; al fin y al cabo entendimos que este es nuestro único hogar.

miércoles, 29 de junio de 2011

J.K. Rowling y el mundo fantástico de Harry Potter


Catorce años han pasado desde que la serie de Harry Potter hizo su aparición publica, primero en formato de novelas y luego en cine.
Veremos la evolución de esa serie a lo largo de los años, la evolución de su autora, de los personajes y de los actores quienes le dieron vida a la serie.
Exploraremos ese mundo fantástico donde habitan Harry Potter y sus amigos. Un mundo que existe en paralelo al nuestro, donde conviven seres bondadosos y malignos, junto con criaturas míticas. Un mundo donde todo es posible.

Javier Ferreira Luisi

lunes, 20 de junio de 2011

EL MUNDO FANTÁSTICO DE HARRY POTTER


PRESENTACIÓN DEL GRUPO FANTÁSTICO MONTEVIDEO

http://montevideofantastico.blogspot.com/


J. K. ROWLING Y EL MUNDO FANTÁSTICO
DE HARRY POTTER

A CARGO DEL ESCRITOR:
JAVIER FERREIRA LUISI


MARTES 28 DE JUNIO DE 2011
20.00 HORAS

A.G.A.D.U.
CASA DEL AUTOR
SALA MARIO BENEDETTI
CANELONES 1130


ENTRADA LIBRE

sábado, 18 de junio de 2011

EL DÍA 17 DE JUNIO SE CELEBRÓ EL DÍA FANTÁSTICO EN RECUERDO DE:


LORD BYRON - George Gordon Byron, sexto Baron de Byron (Londres, 22 de enero de 1788 – Messolonghi, Grecia, 19 de abril de 1824)

MARY SHELLEY -Mary Wollstonecraft Godwin (Londres, 30 de agosto de 1797 - íd., 1 de febrero de 1851)

PERCY SHELLEY - Percy Bysshe Shelley (n. 4 de agosto de 1792, en Field Place, Horsham, Inglaterra - 8 de julio de 1822, en Viareggio, Gran Ducado de Toscana)

JOHN POLIDORI - John William Polidori (Londres, 7 de septiembre de 1795 - 24 de agosto de 1821)

Quienes reunidos en 1816, en la Villa Diodati, en Suiza, sentaron las bases para novelas como:
Frankenstein y EL Vampiro

sábado, 30 de abril de 2011

CUENTO DEL ADIÓS


Hubo un pájaro que contaba secretos. No era, dicen, un pájaro cantor pero soltaba un silbido largo que se convertía en palabras. Palabras afiladas como su pico, lanzadas con la puntería de un ballestero hábil y, ciertamente, perverso.
Escogía los oídos más vulnerables para anegarlos de secretos espantosos y con su mismo pico sellaba los labios de sus víctimas que enloquecían por trasmitir, por sacar de sí tan insoportables palabras.
Por el mismo tiempo, hubo un niño sordo. Para este niño el mundo era visión, tacto, sabor, olor, todo encerrado en una cúpula de silencio. Su cabeza oscura y rizada era esa cúpula silenciosa, adornada de suntuarias orejas, de oídos sellados con espirales mudas perdiéndose en un cráneo imperturbable.
Una tarde, el intrigante pájaro, hambriento, se posó en el alféizar de una ventana desconocida. Un niño alimentaba allí unas palomas que huyeron despavoridas ante el enorme pájaro. Pájaro y niño quedaron frente a frente. El niño se maravilló de aquellas plumas lustrosas, como bañadas de esmalte, sombrías pero cubiertas de un rocío resplandeciente, y también del pico filoso como el puñal de su padre.
El pájaro se prendó de aquellas orejas pequeñas, de aquellos diminutos caracoles de carne tan tierna, de aquellos lóbulos transparentes y de aquellos orificios virginales. Dejó caer las migas de su pico y apuntó su silbido hacia los oídos del niño, vertiéndole secretos malvados, inquietantes. Luego, se quedó esperando el pánico, los ojos desorbitados pronto para coser la sonrosada boca.
Pasó el tiempo. Pájaro y niño se miraban. Ningún estremecimiento, nada alteraba la calma contemplativa de los ojos infantiles. Entonces el pájaro dejó de silbar, muerto de curiosidad, maravillado por la capacidad de aquellos oídos de recibir tanto sin inmutar a su pequeño dueño. "Será que le gusta mi perversidad?" se decía el pájaro. "Por qué me hace cosquillas tan lindas en las orejas?", se decía igualmente el niño.
Y siguió pasando el tiempo.
Finalmente, el pájaro se echó en el alféizar, hinchando el plumaje semejante al azabache. "Este niño es más fuerte que yo. Me rindo. Acepto que sea mi dueño", pensó.
El niño acarició con deleite la cabeza, las alas, las primorosas plumas, las patas, las esmaltadas y vigorosas uñas. Y deslizó sus dedos sobre el largo pico, también. Y como no sabía hablar, pensaba: "Querrá este pájaro amarme? Cómo podría hacerle saber que lo amo?"
Pero el pájaro escuchaba las caricias. Caricias que contaban hondísimos secretos que ascendían del océano de silencio que habitaba en el niño.
Y del mágico malentendido surgió el romance. El pájaro se volvió silencioso y las manos del niño cantaron.
Para siempre.

miércoles, 30 de marzo de 2011

PRIMERA PRESENTACIÓN DEL GRUPO FANTÁSTICO DE MONTEVIDEO

Comienzo de actividades 2011 en la sala Mario Benedetti de A.G.A.D.U.
Este año la figura de los cuatro fantásticos se tomará licencia.

El grupo tendrá una apertura distinta para 2011, coordinando juegos de rol,proyectos de una revista virtual y por supuesto las charlas acerca de temas fantásticos que nos interesan a todos.
Le daremos importancia al Comic asociado a guiones fantásticos, al terror, a la ciencia ficción, a la fantasía épica y otros temas que puedan surgir.

Necesitamos artículos para publicar en este sitio. Todos los integrantes del grupo están convocados a poner lo mejor de cada uno para llenar de ficción la rutina montevideana.

un abrazo a todos
Maupassant
Arcimboldo

jueves, 17 de marzo de 2011

La Niebla de Stephen King - Tráiler Español

STEPHEN KING - PAISAJE DE NIEBLAS


PRIMERA PRESENTACIÓN 2011 DEL GRUPO FANTÁSTICO DE MONTEVIDEO
MARTES 29 DE MARZO
HORA 20
A.G.A.D.U
CASA DEL AUTOR
Sala Mario Benedetti

CANELONES 1130
Entrada gratuita


Stephen King

“PAISAJE DE NIEBLAS”

ENTRE LO REAL Y LO FANTÁSTICO

A cargo del escritor: JAVIER FERREIRA LUISI

Stephen King es un individuo polifacético: escritor, guionista, columnista, productor y director de cine.

Exploraremos ese limite entre lo real y lo fantástico de Stephen king, quien describió a sus recuerdos de la infancia como:" una paisaje de niebla, de donde surgen recuerdos aislados como arboles solitarios...de esos que parece que vayan a echarte las ramas encima y comerte".

lunes, 14 de marzo de 2011

Juan y el lobo

La policía se había impacientado demasiado. Tomaron el ariete y lo impulsaron varias veces hasta tomar la fuerza necesaria para destrozar la puerta. En el momento justo el casero grita desde la escalera blandiendo las llaves.
Al entrar en la casa los uniformados se despliegan rápidamente. El apartamento estaba brillante en limpieza e iluminación con la cocina reluciente y el piso de la sala lustrado. El cuarto tenía las camas tendidas y el armario con la ropa de estación de un lado y la de uso diario del otro. Desilusionado y arrepentido por haber perdido el tiempo el detective ordenaba el retiro de los efectivos. Observaba el cuarto. No lo entendía, todas las pistas lo habían llevado hasta ese apartamento pero fue un callejón sin salida. Todo tan limpio. No encajaba con el perfil del secuestrador que le había quitado tantas noches de sueño. Todo tan en su lugar. La cama tendida, la mesa de luz sin una brizna de polvo. El piso tan lustrado… un rayón frente al ropero llamo su atención. Los ojos se le iluminaron abriéndose como pocas veces. Corre hacia la ventana y llama a los policías que ya en las patrullas estaban prontos para volver a la seccional. Con pocas ganas acuden al llamado del detective. En el cuarto les pide que corran el ropero. Sin hacer demasiado esfuerzo este se corre y descubre detrás de el una puerta. Cuando entran en la pequeña habitación que ocultaba el ropero el hedor a humedad y pestilencia inunda el apartamento. La instalación eléctrica es precaria pero la tenue luz ilumina el recinto. La cama desordenada y sucia, la pared con recortes de periódico pegados con chinches y cinta adhesiva, y en el escritorio las fotos de los niños secuestrados, desnudos, violados. Con sus sospechas confirmadas solo quedaba acudir al trabajo del secuestrador y arrestarlo. El detective esbozo una pequeña sonrisa de omnipotencia, y ordeno a los policías que dejaran de vomitar y lo escoltaran a la escuela.

Baltasar nació en un hogar militar.
Su padre trabajaba en el ejército. Estaba pocos días al año en casa pues cubría muchas misiones en el exterior.
Su madre tenía un pequeño negocio de ropa para los efectivos que servían en la base establecida cerca de su casa.
Baltasar creció solo y sin amigos. Cuando su madre murió en un accidente y su padre se quedo en el exterior, para  jamás regresar, estaba apenas terminando la escuela. Comenzó sus estudios secundarios y consiguió empleo en su antigua escuela, realizando tareas de limpieza. Ayudando al portero que le dio, además, un cuarto donde dormir.
Con los años se convirtió en el encargado de la escuela.
Alquilo un pequeño apartamento y por las noches salía a beber a un bar cercano. Ahí conoció a una prostituta drogadicta con la que tuvo un hijo, Juan. Luego de unos meses de convalecencia por el parto la madre de Juan murió. Los años siguientes de Baltasar fueron duros, no es fácil ser padre soltero siendo tan estricto y con tanto trabajo.
Al crecer, Juan comenzó a estudiar en la escuela donde trabaja su padre. Siempre algo distante, pasaba horas en silencio sin prestar demasiada atención a los demás niños. Pero cuando Elena, la maestra, se ponía frente al niño este sonreía y cantaba y jugaba… luego otra vez el silencio y la mirada enfocada en el horizonte. La maestra preocupada por el pequeño Juan lo llevo a una revisión médica. Le diagnosticaron cierto tipo de autismo. Entonces la escuela le ofrece a Baltasar menos dinero por su trabajo a cambio de cubrir el tratamiento del niño. Baltasar, consiente que no estará toda la vida junto a Juan, acepta el trato. El jefe de mantenimiento se ha vuelto cada vez mas arisco y ermitaño. Los niños le tienen mucho miedo, su aspecto es desgarbado, barbudo y sucio.
Parte del tratamiento medico de Juan es también psicológico y se le recomienda una figura materna mas presente así como alejarse de la imagen paterna, nefasta para el desarrollo de su intelecto e imaginación. La maestra Elena y Baltasar tienen una corta y tensa charla. Elena le propone adoptar a Juan, Baltasar acepta a cambio de dinero. Frio, callado, Baltasar queda solo esperando la muerte. Día tras día siguiendo con su rutina. Rodeado de la vida que tienen los niños y viendo crecer a su hijo, siempre en silencio.

El amor de la pareja dio como fruto una niña.
Inteligente y amable, Elena creció rodeada de cariño y solvencia económica. Aunque no había tenido suerte con sus antiguas parejas era feliz entre los niños y anhelaba tener un hijo y ser madre. Tras terminar los estudios comenzó su carrera como maestra.
No estaba acostumbrada a beber. Pero aquel era su primer “fin de año” en la escuela y termino demasiado ebria. Vomitando por las escaleras, cuidándose de que ningún niño o padre la viera en aquel estado tan lamentable, aunque entendible. Era una alegre celebración de fin de curso. Se escurrió hasta los baños donde creyó estar sola. Al postrarse frente al sanitario la sujetaron por la espalda. Ahogada, ebria, sin fuerzas, no opuso casi resistencia a que la violaran. Violenta, salvajemente hasta caer desmayada y aun así el violador no se detuvo. Cuando despertó, conmocionada y dolorida, condujo su coche hasta su apartamento. Allí escondió su vergüenza y dolor por varios días, para luego seguir con su vida de amable maestra.
Años después conocería a Juan. Tras la violación no podía concebir. Cuando el medico le dijo que Juan necesitaba una madre no lo pensó dos veces y se lo propuso a Baltasar.
Ahora Elena era una mujer, una madre con su hijo y mas feliz que nunca.

Había trabajado en aquel camión por varios años. Estaba acostumbrado a no dormir mientras conducía.
No tenía por costumbre levantar gente en la ruta, pero la chica que pedía un aventón era muy hermosa. Decidió, entonces, detenerse y probar suerte. Paro el camión a un lado del camino, le abrió la puerta y le pregunto adonde iba. Entonces la chica blandió una pistola calibre 38. De entre los arbustos salió un hombre que de un salto subió al camión y le exigió el dinero. Sin mediar palabra les entrego la billetera y los jóvenes se perdieron en la oscuridad. Con la furia en las venas, por su torpeza, condujo hasta la comisaría donde radicaría la denuncia. El papeleo le llevo toda la noche.
Al despuntar el sol debía estar en el puerto para recoger su carga y llevarla al zoológico de la capital vecina a unos 660 kilómetros.
Cuando la carga estuvo pronta ya llevaba más de un día sin dormir.
Comenzó el viaje hacia el zoológico.
Sabía que si se atrasaba demasiado no le pagarían lo suficiente para cubrir los gastos. Decidió, entonces, dormir un par de horas solo después de cruzar la cuidad, en un parador donde había estado varias veces.
La carga estaba inquieta y hambrienta, había viajado varias semanas por barco desde África. Los marineros lo llamaban Diablo y no se animaban siquiera a acercarse para alimentarlo.
El camionero, vencido por el sueño, apenas pudo girar el volante cuando vio al niño cruzar por la cebra, frente a la escuela. El pesado vehículo se estrello violentamente contra un árbol. La cabina estallo y el diablo, de un salto, puso sus patas en el asfalto caliente. Cuando los ojos del animal se fijaron en el niño este corrió espantado hacia la escuela, a donde entro empujando la puerta.
Baltasar tropezó con el niño. Lo levanto con manos fuertes mientras, el solo lloraba. Le decía que se callara, que no le haría daño. El niño gritaba y lloraba, histérico. La puerta de la escuela cayó arrasada como por una explosión. Baltasar vio, entonces, los rojos ojos de un enorme lobo blanco. Más grande que un caballo. Blancos eran también sus colmillos por donde escurría sangre. El limpiador soltó suavemente al niño. Sin dejar de mirar al animal empuño un tridente que usaba de rastrillo para recoger las hojas del patio escolar. Respiro hondo, el lobo preparo la embestida y corrieron. Frente a frente, uno hacia el otro.

La clase estaba tranquila cuando comenzaron las correrías en los pasillos. Molesta por los ruidos que distraían a los chicos abrió la puerta y ojeo el corredor. Al fondo, el lobo tomaba a Baltasar por la cintura quebrando su espalda con sus poderosas quijadas.
La maestra grito espantada llamándole, sin querer, la atención.
La bestia escupe el cuerpo sin vida del portero ensangrentado y avanza en desenfrenada carrera, por el pasillo, hacia aquel salón. Elena tranca la puerta y arrastra las sillas hasta un rincón, atrincherándose con los niños en una esquina del aula.
Juan no entiende que esta pasando. Solo esta feliz y excitado, abrazado a Elena quien lo aprieta fuertemente contra su pecho.
El lobo destroza la puerta y enfila hacia el grupo que solloza y tiembla en la esquina del cuarto. La bestia esta a metros de los niños, se agazapa para saltar sobre el grupo cuando irrumpe el detective que desde el portal, dispara contra el animal.
Herido de muerte cae pesado y sangrante.
Entre los llantos de miedo de los niños y de dolor del lobo Elena se pone en pie. El detective ya no apunta su arma hacia el animal. Al grito de “Elena estas arrestada por secuestro y violación” apunta ahora a la maestra. Elena parece hipnotizada por el dolor del lobo. Se pone de rodillas junto a el, coloca su cabeza en su regazo y lo acaricia con amor y cuidado.
Juan la observa con atención. Atónito, ve a la maestra levantar a la enorme bestia y llevarla hacia el.
El detective grita algo pero nadie escucha. Las balas golpean la espalda de Elena que no se detiene, continúa caminado con la vista fija en Juan y una sonrisa en el rostro.
A medida que avanza el lobo se hace más y más pequeño. Entonces Juan alza las manos y abraza al cachorro que le entrega la maestra, mientras toda la clase comienza a cantar el “feliz cumpleaños, Juan”.
Elena, Juan y su cachorro son una familia feliz.   

Juan se ha convertido en un escritor de relativo éxito.
Vive en un barrio privado en las afueras de la ciudad.
Hace 10 años esta casado y tiene una hermosa niña de 7 años. Hoy es su cumpleaños 43 y lo celebra con una cena en familia. Carne asada y torta de cumpleaños, con velitas y regalos.
Tras dar las gracias por la felicidad conseguida en estos años se dispone a cortar el pastel, no sin antes degollar a su hija y apuñalar en el pecho a su mujer, todo con el mismo cuchillo. Lentamente come el pastel, saboreando la sangre de sus seres amados, mientras en la chimenea se queman los restos del perro. Juan tiene una familia feliz.